Hay una respuesta de Juan Carlos González que lo define mejor que cualquier reconocimiento. Cuando le preguntan cómo se describe a sí mismo, dice que es “un simple vecino que transmite enseñanza de tenis”. Lo de “Profe”, aclara, “me parece demasiado”.
Lo curioso es que González no llegó al tenis siendo tenista. Llegó siendo pelotari. Jugaba en el frontón de Estudiantes hasta que un día cruzó a las canchas y encontró algo que no soltó más. La primera raqueta era una Sportlandia de madera. Con el tiempo desarrolló un sello propio: un revés con slice que muchos de sus alumnos terminaron copiándole. En 1981, el diario local lo registraba como el número 1 del ranking de FETCOBA.
El 18 de mayo de 1976, bajo la presidencia de Héctor Raúl Berrutti, tomó la posta del profesor José “Pepe” Nam y dio su primera clase formal. Desde ese día no paró. Cuando le preguntan si imaginó que duraría tanto, su respuesta es directa: “Nunca imaginé nada de lo que pasó”.





En estas cinco décadas pasaron por sus clases generaciones enteras, literalmente. Hay familias en Pehuajó a las que les dio clases a los padres, después a los hijos y después a los nietos. Uno de los primeros grandes talentos que formó fue Franco Davín. El pehuajense empezó con Carlos de chico, a los 13 años ya ganaba torneos en Estados Unidos y a los 14 en Brasil. Davín llegó al top 30 del mundo como jugador y hoy es uno de los entrenadores más reconocidos del circuito internacional: llevó a Gastón Gaudio a ganar Roland Garros 2004 y a Juan Martín del Potro al US Open 2009. El propio Davín lo dijo sin vueltas: “Carlitos para mí es todo. Todo lo que he hecho en el tenis se lo debo a él”. Diana Giussani es otra historia que Carlos recuerda con claridad: llegó a número 3 en la Argentina a los 12 años, y cuando aprendió el saque lo hizo tan naturalmente que parecía que llevaba años practicándolo.
Erik Colombano también arrancó en las canchas de Estudiantes de la mano de Carlitos, con cinco años y una raqueta en la mano. Llegó a ser número uno del ranking sudamericano juvenil en singles y dobles, compitió en Europa, Sudamérica y Estados Unidos. Hoy, radicado en General Villegas, trabaja como entrenador y tiene una meta clara: llegar al circuito ATP. Su trayectoria es otro ejemplo de lo que se construye en esas canchas de polvo de ladrillo de Pehuajó.
Aldana Ciccarelli es otro de los nombres que salieron de la escuela de González para competir en el circuito profesional. Nacida en 1995, disputó torneos ITF en Argentina y el exterior, llegando a ingresar al ranking de singles en el circuito de la WTA.
Llegaron videos de exalumnos desde Sydney, desde la pista central del torneo Godó en España, desde California. Entre los que mandaron su saludo estuvo David Nalbandian, el cordobés que llegó a ser número 3 del mundo, finalista de Wimbledon 2002 y uno de los mejores tenistas argentinos de la historia. Una muestra del peso que tiene el nombre de González en el tenis argentino.



Uno de los mensajes que circuló dice lo que muchos piensan: “Ojalá que todos los clubes tengan un Carlos González, gracias por enseñarnos a querer tanto este deporte”. Hay una anécdota que sus propios alumnos recuerdan con afecto: en un torneo contra el número 1 de Trenque Lauquen, Carlos perdió el partido y salió a descargar la bronca con una patada a la puerta. El mismo que décadas después responde “no tengo” cuando le preguntan por rencores.
Hoy comparte la tarea con su hijo Tomás, también profesor, que se sumó a entrenar en el club. A lo largo de su carrera asistió a más de 35 cursos de capacitación, arregló canchas, organizó torneos internos y llevó jugadores a competencias por todo el país.
Cuando le preguntan por Pehuajó, responde: “Mi refugio”. Por Estudiantes Unidos: “Mi club”. Por él mismo: “Un vecino”.
El 18 de mayo de 2026, Estudiantes cumple 50 años con ese vecino en la cancha.



