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Huevo Ibarra, talento eterno del fútbol albinegro

Figura inolvidable del fútbol albinegro, Hugo Ibarra recibió un reconocimiento en la 19ª Fiesta del Deporte y la Cultura por una carrera que dejó una huella profunda en Estudiantes y en el fútbol pehuajense.

En el marco de la 19ª Fiesta del Deporte y la Cultura, el Club Atlético Estudiantes Unidos reconoció a Hugo Ismael “Huevo” Ibarra, un nombre propio del fútbol local, cuya trayectoria dejó una huella profunda en la institución y en la memoria deportiva de la ciudad.

Nacido en Pehuajó en 1955, Ibarra fue uno de esos futbolistas que aparecen cada muchos años. Surgido en los potreros, desde muy chico mostró condiciones diferentes. Su historia futbolera estuvo íntimamente ligada a Estudiantes Unidos, el club donde jugó la mayor parte de su carrera y donde se formó como uno de los talentos más destacados de su generación.

Debutó en Primera División con apenas 14 años, inicialmente como delantero. Sin embargo, fue el entrenador José Mel quien descubrió en él un perfil distinto y lo ubicó como volante ofensivo por izquierda. Allí encontró su lugar natural. No era un enganche clásico ni un mediapunta moderno: era un “10” de los de antes, creativo, inteligente y audaz, capaz de simplificar jugadas complejas o de crear algo distinto en los momentos menos esperados.

Dueño de una técnica notable y de una habilidad que parecía innata, resolvía situaciones difíciles con una naturalidad que sorprendía. Vivo, atrevido y desequilibrante, representó como pocos esa estirpe futbolera nacida en los potreros, donde el talento se forja a base de picardía, imaginación y calle.

Su nivel en Estudiantes Unidos lo llevó a ser convocado, con apenas 16 años, a la selección mayor local, donde disputó tres partidos y convirtió un gol. Además, jugó en las ligas de Carlos Casares y Guaminí, integró en 1977 un destacado equipo de San Martín y cerró su carrera a comienzos de la década del ’80 defendiendo los colores de Sarmiento.

Para muchos, Hugo Ibarra fue el mejor futbolista pehuajense de la historia. Para Estudiantes, su nombre quedará por siempre ligado al orgullo de haber visto crecer, formarse y brillar a uno de sus hijos más talentosos. Aquel chico de potrero, aquel jugador distinto, seguirá viviendo en el recuerdo de quienes lo vieron jugar y en la historia grande del fútbol albinegro.

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